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  • Ana María Vázquez-Catoni

Conoce a Hanareia Ehau-Taumaunu, candidata al doctorado en fitopatología

Hanareia, māori y estudiante de primera generación, es una ecóloga microbiana que rompe el molde de las ciencias agrícolas.


Traducido por: Alejandra Chang-Colón

Puedes leer el perfil en inglés aquí.


Hanareia Ehau-Taumaunu es una mujer indígena de primera generación candidata al doctorado en el Departamento de Fitopatología y Microbiología Ambiental de la Universidad Estatal de Pennsylvania. Hanareia trabaja en el laboratorio del Dr. Kevin Hockett, que tiene un enfoque en ecología microbiana.


En la búsqueda de alternativas más viables y conscientes hacia el medio ambiente a las aplicaciones químicas para el control de patógenos, Hanareia actualmente estudia toxinas que podrían presentar una nueva solución, conocidas como bacteriocinas. Estas toxinas proteicas son producidas por las bacterias para inhibir otras bacterias. Hanareia estudia cómo funciona la producción de estas toxinas en un sistema natural bajo ambientes controlados, ya sea en el laboratorio, invernadero o cámara de crecimiento. En particular, está observando dos patógenos bacterianos de Pseudomonas syringae, específicamente cómo uno puede producir una toxina que puede matar al otro y cómo podrían funcionar en un sistema aplicado.


Encajando todas las piezas juntas


Nacida y criada en Nueva Zelanda, Hanareia disfrutó de la ciencia en la escuela secundaria y se sorprendió por los mecanismos biológicos y químicos que ocurren a nuestro alrededor. Inspirada por su curiosidad, estaba lo suficientemente motivada para obtener un bachillerato conjunto en Ciencias y Artes en Ciencias Biológicas, Estudios Maoríes y Estudios de Escritura en la Universidad de Auckland.


Sin embargo, como estudiante māori de primera generación, su transición hacia la educación superior no fue tan fácil como esperaba y, en ocasiones, se encontró sin seguridad en sí misma. Sin embargo, pudo encontrar un grupo de pares indígenas, lo que resultó en un grupo de apoyo académico y personal:


Simplemente nos mantuvimos todes juntes. Tomamos clases, hacíamos la tarea juntes y salíamos. Encontré un buen grupo que me acompañó durante mi bachillerato.

Cuando Hanareia comenzó sus estudios universitarios, todavía no estaba involucrada en las ciencias de plantas. El entusiasmo, el disfrute y la curiosidad de Hanareia por la ciencia la dejaron sin una idea exacta de lo que quería hacer:


Quería hacer muchas cosas diferentes, pero no tenía idea de cuánta ciencia había realmente. Hay tantos campos diferentes de la ciencia y ese fue mi primer momento revelador.

Hanareia se involucró en la ciencia centrada en plantas durante su pasantía de verano en Plant and Food Research, un instituto de investigación en Auckland, Nueva Zelanda. Hanareia estaba ayudando con Pseudomonas syringae pv. actinidiae, que es un cancro bacteriano que afecta al kiwi, una gran industria en Nueva Zelanda. Pasó tres veranos trabajando en el laboratorio ayudando en la investigación de genes asociados con la patogenicidad e identificando cómo el instituto podría trabajar con los agricultores maoríes para encontrar soluciones a la enfermedad.


Hanareia reconoce esta experiencia como lo que realmente dió forma a su camino hacia la fitopatología.


Me di cuenta de que la fitopatología realmente podía abrirme puertas. La fitopatología no es tan restrictiva como la gente piensa. Abarcamos todo tipo de ciencia que pueda imaginar. Tenemos tantos sistemas diferentes en los que puede participar, ya sea por debajo o por encima del suelo o en un animal. Hay tanta diversidad dentro de la fitopatología. Hay laboratorios de fitopatología que superan lo que se considera normal en fitopatología. Y tenemos que romper con ese (concepto erróneo). La fitopatología lo es todo. Si no tienes una parte de algo, no puedes resolver nada.

Su participación en Plant and Food la motivó a cambiar a clases con un enfoque vegetal, como patología vegetal, ciencias vegetales y microbiología. También tuvo la suerte de encontrar mentores y mentoras en la universidad y en Plant and Food Research que la apoyaron durante sus estudios. Sin embargo, como se estaba graduando de su bachillerato, no estaba segura si permanecería en la academia o se movería a la industria.


En un día impactante, Hanareia asistió a un panel de discusión en su universidad sobre el tema de cómo lxs científicxs se veían a sí mismes como agentes de cambio en la sociedad. Muchos de los panelistas eran profesores no indígenas con título de Ph.D. El panel habló sobre cómo la ciencia es importante desde la política para las comunidades locales.


Durante este evento, Hanareia se dio cuenta de algo importante:

Este fue el momento en que me di cuenta de que si quería un cambio, un cambio estructural adecuado, sobre cómo (Nueva Zelanda) avanza en la ciencia, cómo interactúa con los pueblos indígenas y cómo tomado en serio por científicos no indígenas, necesitaba obtener un doctorado.


Fusionando dos sistemas de conocimiento

Una vez que Hanareia se graduó, comenzó una maestría en Ciencias Biológicas en la Universidad de Auckland, donde estudió la microbiota intestinal y los hábitos alimentarios tradicionales de un insecto nativo de Nueva Zelanda comúnmente conocido como porina (Wiseana spp.). Aumentó sus habilidades al realizar la secuenciación de amplicones y el análisis de datos de microbiomas. Y lo que es más importante, tuvo la oportunidad única de incluir el conocimiento indígena en su proyecto, lo que supuso un increíble intercambio de conocimientos tanto para ella como para sus asesores y asesoras.


A pesar del gran apoyo que recibió, al buscar posibles proyectos de investigación, identificó la falta de voluntad de les profesores para apoyarla en unir sus dos sistemas de conocimiento (ciencia indígena y occidental) como uno de los principales obstáculos para su viaje en la ciencia académica.


Fue muy difícil encontrar mentorxs que estuvieran dispuestxs a insertar conocimientos indígenas en un programa de maestría. Sé que soy mucho más afortunada de estar en Nueva Zelanda, donde ser indígena es mucho más aceptable que en otros países. (Sin embargo) Muchos profesores dijeron "Necesito que hagas la ciencia" y yo dije: "Bueno, esta es mi cultura, de mis abuelos y sus abuelos, entonces, ¿por qué no pueden [sus dos mundos] unirse?" y no tenían la mentalidad necesaria.

La falta de modelos indígenas a seguir en la comunidad científica es un problema que Hanareia observó al tratar de abordar el tema del conocimiento indígena.

No conocía a muchos académicos indígenas que estuvieran en ciencia en primer lugar. Tenía un profesor maorí, uno en toda mi universidad, dentro de mi departamento.

Hanareia cree que un mayor intercambio e incorporación del conocimiento indígena es necesario para eliminar el estigma que lo rodea.

Creo que algunos científicos están descubriendo que este conocimiento [indígena] es tan importante como lo que consideramos en el sistema de conocimiento científico occidental que aprendimos como estudiantes.

Para nuestros lectores que no están familiarizados con el concepto de conocimiento indígena, Hanareia ofreció una breve explicación del mismo:

El conocimiento indígena es difícil de generalizar porque es muy diverso. El conocimiento indígena es el conocimiento que se ha transmitido de generación en generación de una población indígena a su tierra. Por lo general, se centra más en la relación entre nosotros y la tierra y todo lo que hay en nuestro entorno. Es muy holístico y no se centra en los humanos. El conocimiento occidental está muy centrado en los humanos y en lo que los humanos quieren y necesitan. El conocimiento indígena se centra más en las necesidades del medio ambiente. Es nuestra forma de interpretar el mundo. Ha existido durante milenios. Nunca lo llamamos "ciencia", ya que era simplemente nuestra forma de vida. Yo lo llamo conocimiento indígena, hay terminología como Conocimiento Ecológico Tradicional (TEK), que es más aceptada en algunos círculos STEM.

Luego de terminar su maestría, realmente extrañaba la fitopatología. Hanareia consideró realizar un doctorad en Nueva Zelanda. Sin embargo, solicitó y recibió una beca Fulbright para venir a los Estados Unidos y realizar su doctorado en Penn State. Antes de llegar a los EE. UU., Hanareia preguntó a les estudiantes internacionales actuales en Nueva Zelanda sobre sus viajes para llegar a un país completamente nuevo y pensó: “Si ellos pueden hacerlo, yo puedo hacerlo. ¡Habían llegado a un nuevo hemisferio!"


Ajustandose a nuevas circunstancias


Hanareia considera su adaptación a un nuevo país como una revelación.

Nueva Zelanda es un país muy pequeño y está muy concentrado en sí mismo porque estamos en medio de la nada. Al venir a los Estados Unidos, he podido relacionarme con tantas personas diferentes en tantos campos diferentes, más allá de la fitopatología. Ha sido un ajuste, pero hay muchos aspectos positivos de estar aquí.


Un problema que comúnmente se pasa por alto


El obstáculo más reciente que Hanareia superó en su tiempo en la escuela graduada fue el agotamiento ("burnout"). Ella explica cómo se agotó físicamente hasta el punto en que no pudo hacer nada. Hanareia reconoció el problema del agotamiento, pero no lo abordó desde el principio:

Veía gente twitteando sobre esto y todo lo que pensaba era - no, eso no me va a pasar a mí, este es el problema de otra persona - así que seguí trabajando, asistiendo a conferencias y siendo parte de comités. [Sin embargo], no sabía qué hacer cuando me di cuenta de que me había agotado.

Al final, Hanareia perdió la motivación para seguir trabajando y cortó las interacciones con amigxs y colegas. Afortunadamente, Hanareia se dio cuenta de que tenía que cambiar la situación si quería completar su doctorado y metas en Estados Unidos. Se tomó un tiempo de sus estudios e investigación para “volver a disfrutar de la vida de verdad”.


Ahora, estoy bien hablando de eso porque me di cuenta de que me pasó a mí y no quiero que le pase a nadie más. Estaba exhausto de todas las formas posibles porque me di cuenta de que estaba haciendo demasiadas cosas. Pensé que era excelente para decir "no". Ahora, priorizo lo que hago ahora, para el trabajo, profesional y personal. Hasta ahora, está funcionando.

Enfrentando estigmas...


En otra nota, Hanareia fue parte de la creación de un Comité de Diversidad, Inclusión y Equidad fundado por estudiantes en su departamento en Penn State. El comité se inició con la necesidad de diversificar y ser más inclusivo con el departamento, considerando la gran cohorte de estudiantes graduados que provienen de diversos orígenes. Han estado discutiendo temas como sesgos inclusivos y microagresiones.


Hanareia se ha enfrentado a diversas microagresiones durante su paso por la academia como “Estás aquí solo porque eres una minoría” y “Eres indígena y encajas en una categoría que tiene algún tipo de dinero adjunto”.


Viene al azar, a veces no los conozco tan bien y creo que eso les ayuda a tener esa seguridad al decir tal comentario. Me sorprende mucho cuando le digo a la gente que soy indígena porque la gente me ve y me dice “no, esta niña no es indígena”. Solo me identifico como indígena, solo me identifico como maorí. Y son como "No, no puedes ser indígena, eres demasiado blanco.

...y rompiendo con conceptos erróneos a través de la acción y la conciencia


Hanareia cree en el impacto de la diversidad y la representación de las minorías en la ciencia.

Creo que las minorías ayudan a ver las cosas desde diferentes ángulos, y cuando se trabaja en equipo, se agrega algo único a la discusión. Las ideas innovadoras no surgen de la nada, surgen de la colaboración. Es importante mostrar cuán dinámicas y diversas son las personas en la agricultura, ya sea en el campo o en el laboratorio. Siempre es agradable ver a alguien que se parece a ti en la televisión, y pasa lo mismo en la fuerza laboral.

A Hanareia le apasiona ser una científica indígena y conocer a académicxs que son indígenas aquí en los Estados Unidos y cómo ayudan a su gente a través de la ciencia.

Disfruta ser parte de diversas organizaciones estudiantiles y asistir a conferencias enfocadas en la diversidad. Ella es parte del capítulo de SACNAS en Penn State, que la está ayudando a interactuar con personas que han pasado por experiencias similares en el mundo académico y a tener un espacio seguro para hablar sobre temas e ideas. Estar lejos de casa y tener que encontrar gente nueva la ha motivado a encontrar estos grupos.


Mis mentorxs en Nueva Zelanda son mayoritariamente mujeres. Por ejemplo, la Dra. Amanda Black está analizando los efectos de Phytophtora en los bosques nativos de Nueva Zelanda. Ella es la primera científica māori que vi haciendo algo muy relacionado con lo que hago. Recientemente fue reconocida por su investigación y por incorporarla al conocimiento māori.

Como estudiante de primera generación, Hanareia desearía tener a alguien en el mundo académico dentro de su familia.

Todavía es difícil porque no puedo describirles completamente lo que realmente hago. La mayor parte de mi aprendizaje sobre los procesos de la academia, cómo postularme a la universidad y navegar por los estudios y la investigación, fue autodidacta.

Mirando hacia los próximos 10 años, Hanareia está abierta a todo.

... siempre que sea interesante y ayude a alguien. Si estoy adquiriendo algunas habilidades a lo largo del camino, donde sea que esté después, simplemente estaré agregando a mi canasta de habilidades y encajaré donde mi gente me necesite.

Por último, Hanareia tiene un consejo para las jóvenes estudiantes:

No hay un camino correcto para ser mujer en STEM o mujer en ciencias agrícolas. No importa cómo llegaste allí. Somos importantes en la agricultura y en STEM, y tú perteneces. Somos el futuro. Sea apasionada y siga las oportunidades que se le presenten.

Puedes seguir a Hanareia en Twitter o contactarla via email a hze5@psu.edu

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